Se dice cuando alguien arma quilombo, mete bulla y convierte cualquier cosa en un lío con gritos, quejas o discusión. Puede ser por una pavada, pero de golpe se pica y ya está todo el mundo opinando a los gritos. Muy de juntada familiar o de barrio, cuando nadie se guarda nada.
Montar un escándalo o un lío descomunal, que se entere hasta el pulpo del vecino.