Se dice de un chavo bien guapo y bien formado, de esos que traen el cuerpo marcado y se ven bien sabrosos. La idea es compararlo con un mango maduro: bonito, tropical y que se antoja. Suena coqueto y medio pícaro, muy de echar relajo en la costa.
Se le dice al vato que se la vive echándose flores y vendiéndose como si fuera la última Coca del desierto. Presume conquistas, lana, contactos y hazañas medio inventadas, todo con una seguridad bien descarada. Puede caer chistoso o dar un poquito de pena ajena, pero siempre trae show y verbo.