Se dice cuando alguien se lo pasa brutal, como que la fiesta estuvo encendida y tú también. Es ir a gozar sin pena, bailar, reírse y terminar con anécdotas que al otro día dan vergüenza ajena. Muy de parche y de rumba, cuando el plan se salió de control para bien.
"Anoche caímos al malecón con dos parlantes y una bolsa de hielo, y nos dimos la bomba. Terminé cantando champeta con el celador y saludando a todo el mundo."