Se dice cuando alguien se pone a hablar y hablar sin freno, soltando un monólogo larguísimo que no deja respirar a nadie. Es como si se tirara en patines cuesta abajo y no hubiera forma de pararlo. Suele usarse con tono de queja o vacilón, porque el tipo se adueña de la conversación y no suelta el micrófono.
"Asere, en el almuerzo Raúl echó tremendo patín con lo de la fiesta y no dejó ni que el mesero preguntara si queríamos postre."