En Murcia se dice cuando te lías a charlar a gusto, sin prisa, con cotilleo, risas y el típico repaso a la vida del barrio. Es esa conversación que empieza con un “¿qué tal?” y acaba dos horas después hablando del primo del vecino. Vamos, un buen rato de palique murciano que se alarga más que una siesta de agosto.
Se dice cuando te lías a hablar y se te va el santo al cielo, como si el tiempo no existiera. Es ese rato largo de cháchara que empieza con un hola y acaba con media vida contada, normalmente en la puerta de casa, en la plaza o en el bar. Muy de pueblo y muy peligroso si ibas con prisa.