Se dice cuando te vas de una fiesta a tiempo, antes de que el guaro te delate y termines haciendo el oso. Es una retirada estratégica, con dignidad, como quien se esfuma sin despedirse mucho para que nadie note el nivel de borrachera. En Barranquilla suena a plan inteligente, no a cobardía.
Se dice cuando alguien se adueña de toda la cama al dormir y te deja a ti pegado al borde, sin manta y con dignidad cero. Es como si montara un coliseo personal en el colchón y tú fueras público de pie. Muy de convivencia madrileña, de piso pequeño y paciencia grande.
Se dice cuando alguien se esfuma a propósito para no dar la cara en un compromiso, una bronca o, lo clásico, para no pagar. Vamos, que se hace el loco y desaparece como si se lo hubiera tragado la tierra. Es muy de pana para señalar al que se pierde justo cuando más falta hace.