Se dice cuando te vas a pegar una siestica corta, de esas de 10 o 20 minutos que te reinician el cerebro y te dejan listo para seguir la jornada. Es el típico truco para no andar como zombi después de comer o entre vueltas. Suena bien de calle y bien práctico, la verdad.
"Chamo, tengo el coco frito. Me voy a echar un pinche de diez minutos y vuelvo fino, porque si no en la última clase me duermo parado."