Se usa cuando alguien queda en ridículo, se manda una vergüenza ajena de campeonato o se expone al pedo intentando hacerse el canchero. No hace falta que sea un lío serio, a veces es solo una escena incómoda que te deja pensando: hermano, ¿por qué no te quedaste en tu casa?
Se dice cuando alguien hace el ridículo a lo grande, de esos que te dejan rojo y con ganas de que te trague la tierra. Es meter la pata en público, llamar la atención por lo peor y quedar como un payaso sin querer. En Trujillo se suelta mucho para vacilar al amigo que se pasó de confianzudo.