Se dice cuando tomás una decisión medio jugada o con poco margen y, de pura viveza o suerte, te sale redonda. Es como elegir justo lo correcto en el último segundo y después caminar con el pecho inflado. No es una frase súper clásica, pero en el día a día queda re bien para presumir un acierto.
"Estaba por comprar cualquier cosa y, pum, hice la gran elección: me llevé el último chipá gigante y a los dos minutos se largó la tormenta. Encima el bondi pasó al toque, una locura."