Se dice cuando alguien se lía tanto con algo sencillo que acaba montando un cristo y complicándolo todo. Es el típico momento de querer arreglar una tontería y terminar peor que al principio, con cables por el suelo y cara de no sé qué he tocado. Muy de andar enredando sin necesidad.
"Iba a apretar un tornillo y acabó haciendo la ocho: desmontó media mesa, perdió las piezas y encima juraba que le sobraban."