Se dice cuando alguien llega a una fiesta, reunión o rumba sin energía, callado y con cara de pocos amigos, como si lo hubieran arrastrado hasta ahí. No es que esté bravo, es que anda sin chispa y no se integra. En Monagas lo sueltan mucho para el pana que llega y no prende ni con gasolina.
"Chamo, Pedro llegó apagado otra vez a la rumba, ni bailó ni habló. Échenle un cafecito y pónganle un reguetón duro a ver si por fin prende."