Se dice cuando la cagaste fuerte, de esas metidas de pata que no se arreglan con un “uy, perdón” y te dejan pagando. Es equivocarte a lo grande, quedar como un salame o armar un quilombo por distraído. Vale para lo social, el laburo o cualquier plan que termina en desastre. Y sí, duele.
Se dice cuando alguien la pifia fuerte y queda pegado, tipo que se manda una macana grande y no hay cómo disimularla. Es el clásico error que te deja rojo y con ganas de desaparecer. En Uruguay también se usa como sinónimo de embarrarla mal, sobre todo cuando hablás de un comentario fuera de lugar o una metida de pata épica.
Se dice cuando la cagas a lo grande y no hay forma de disimularlo. Es un error tan obvio que todo el mundo se entera y te toca comerte la vergüenza con papitas. Vale para metidas de pata sociales, chismes, secretos revelados o comentarios fuera de lugar. Y sí, luego te lo recuerdan semanas.
Se usa cuando la cagas pero bien, metes un comentario o haces algo fuera de lugar y te das cuenta tarde. Es como equivocarte a lo grande y quedarte con esa vergüenza que te quema la cara. Vale para metidas de pata sociales, laborales o familiares. Y sí, suele venir con ganas de desaparecer un ratito.
Se usa cuando alguien se equivoca de forma épica, no solo mete la pata, sino que la hunde hasta el fondo y deja a todo mundo con cara de what. Es como combinar imprudencia, despiste y mala suerte en un solo movimiento. Y sí, suele dar mucha pena ajena, pero luego también da risa.
Se dice cuando la cagas a lo grande: sueltas algo fuera de lugar o haces una metida de pata monumental y luego te toca aguantar la pena y las miradas. Es como pisar un charco y acabar embarrado hasta las orejas, pero en versión social. Muy útil para admitirla sin tanto drama, aunque duela.