Se dice cuando por fin te pones a comer algo con ganas, como si no hubieras probado bocado en todo el día. También vale para cuando te animas a empezar algo que tenías pendiente, tipo un proyecto o un libro. Es una frase bien gráfica, porque suena a ataque directo, sin contemplaciones.
Los fueguinos usan esta expresión para decir que van a empezar algo con ganas, ya sea atacar un plato gigante o ponerse con una tarea que venían pateando. Es como decir que por fin se lanzan a eso que estaba esperando. Y si es comida rica, mejor todavía, porque ahí sí que se le mete el diente con alegría.