Se dice cuando un sitio o algo huele asqueroso, como a pedo concentrado o a encierro rancio. Es una forma bien sanjuanina de exagerar el tufo y dejar claro que ahí no se puede ni respirar. Sirve para bardear un ambiente, una prenda o a alguien que viene con olor a demonio.
"Amigo, abrí la puerta del baño y olía a gas pelao mal. Cerré de una y me fui al patio a respirar, ni el desodorante se animaba a entrar."