Se dice cuando andas cargando con la culpa por algo, como con el remordimiento pegado en la espalda. Viene del latín mea culpa, pero en la calle se usa como si fuera una cosa que uno trae encima. Suena bien sureño, medio resignado, y sirve para admitirla sin ponerse dramático.
"Se me fue pagar la cuenta de la luz y ahora ando con la mea culpa todo el día, más achacado que perro mojado, compadre."