Se dice cuando alguien está mareado, aturdido o medio ido, normalmente por haber bebido de más o por un colocón curioso. Vamos, que no ve claro y todo le da vueltas, como si el mundo fuera una pelota. No es precisamente fino, pero describe el estado a la perfección y da hasta risa.
"Anoche se metió dos copas de más y hoy llegó a la oficina viéndolo todo redondo, se equivocó de puerta y casi le echa azúcar al arroz."