Un señor llegó a una veterinaria cargando un pato. —Doctor, revisa este pato, que está raro.
El veterinario lo mira y dice: —Está muerto. El señor responde: —No puede ser, revíselo bien.
Traen un perro que olfatea al pato y niega con la cabeza. Luego un gato hace lo mismo.
—Sí, señor, está muerto. —¿Cuánto es? —300 mil. —¿300 mil? —Pues sí, la consulta era barata, pero usted pidió segunda opinión y examen.