Un albañil está en la obra. Llega la hora del bocata y lo abre: chorizo. «Joder, chorizo otra vez». Lo tira a tomar por culo.
Al día siguiente suena el silbato, abre el bocata: chorizo. «Me cago en la puta, otra vez chorizo». Patada y a la mierda. Al siguiente, más de lo mismo: lo abre, ve chorizo y sale volando.
Al otro día ya ni lo abre; lo tira directamente. El compañero, alucinando, le dice: «Pero, macho, ¿cómo lo tira así, tan mal?»
Y entonces llega la respuesta: «Mira, ¿pero cómo no voy a saber lo que es, si me los hago yo?»