La mujer le dice al marido, muy ilusionada y con voz dulce:
—Mi amor, pensaba que como mañana cumplimos veinte años de casados, ¿por qué no matamos un lechón para festejar?
Y el marido la mira con una cara de piedra y le contesta: —¿Y para qué, vieja? ¿Qué culpa tiene el pobre bicho de lo que pasó hace veinte años?