Una banda de punkies, un abuelo impasible y una respuesta tan seca como inesperada. El remate llega sin avisar.

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El chiste

Una pandilla de punkies cruza una plaza llena de jubilados. El que va de jefe, con una cresta roja que da miedo, se acerca a un abuelo en un banco.

—Abuelo… ¿tienes papel?

El abuelo lo mira de arriba abajo, en silencio.

—¿Qué pasa, abuelo? ¿Estás sordo o qué?

—No, hijo, no. Cuando era joven, en la granja de mis padres, mi primer revolcón fue con una gallina… Te miraba para ver si eras hijo mío.

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