Una vez, cuando Katerina era muy pequeña, la mamá le dijo, mientras terminaba de trapear el extenso patio principal de la casa: «Katerina, vaya a pasar, que acabo de trapear, Katerina».
Intentó decirle a la mamá que necesitaba pasar al baño urgente: «Mamá, pero es que…» «Estoy que me…». «Ese no es problema mío; usted verá cómo pasa, pero cuidadito. Me llega a pisar el patio porque le doy su palazo».
Y en ese momento Katerina descubrió que podría llegar a ser medallista olímpica de salto. Increíble historia, ¿verdad?