En Tlaxcala se dice cuando te echas una siesta brutal, de esas que caes redondo y despiertas desorientado, como si te hubieran apagado y vuelto a prender. Suele pasar después de una comilona o con el sol pegando rico. No es dormir tantito, es desaparecer un rato. Y sí, da hasta orgullo.
"Después del mole con arroz en casa de mi abuela, me eché un muerto de dos horas y desperté sin saber ni qué día era, bien a gusto."