Se dice cuando alguien se ríe a carcajadas y no hay manera de pararlo, como si le hubiera dado un ataque de risa. La imagen es bien de campo: un becerro metido en un pote, pataleando y haciendo un escándalo. Es exagerada, sí, pero por eso mismo da risa y pega durísimo.
"Marico, ¿viste cómo Juan se fue de espalda de la hamaca? Yo quedé riéndome como un becerro en un pote, casi me ahogo y todo."