Cuando el café montó un “club de ideas”
HistoriaImagínate en Londres, siglo XVII: un frío de los que te muerden la oreja, calles llenas de barro y tú en un local calentito donde por un penique te daban una taza de café y conversación a lo bestia. En esta época nacieron las coffeehouses y la peña las llamaba “universidades del penique”.
Allí se mezclaban comerciantes, escritores, marineros, científicos con peluca y gente con ganas de discutirlo todo sin partirse la cara (bueno, a veces sí, pero con modales). El café se volvió famoso como una bebida “sobria” en alternativa a la cerveza mañanera que se tomaba mucha gente. Y claro, con la cabeza más despejada y las neuronas más a tope, las ideas brotaron como la miel en primavera.
¿Qué era una coffeehouse exactamente?
Era realmente un híbrido entre un bar, una biblioteca improvisada y una oficina de “vamos a arreglar el mundo”. Pagabas poco, te sentabas, leías panfletos y periódicos y te ponías a hablar con desconocidos como si fuerais colegas de toda la vida. Piensa en ello como un chat grupal, pero con sillas de madera, humo de chimenea y un cafelín que te mantenía los ojos abiertos.
¿De verdad de ahí salieron cosas importantes?
De algunas coffeehouses salieron redes de negocio y ciencia. Se dice que Lloyd’s, que acabaría siendo el famoso mercado de seguros marítimos, empezó en una cafetería (Lloyd’s Coffee House) donde los comerciantes aseguraban barcos y compartían informaciones. Y en otras se comentaban experimentos, noticias del mundo y teorías con la misma pasión con la que tú discutes si el café va mejor solo o con leche.
Moraleja Magikita: una taza no arregla el planeta, pero sí puede abrir una conversación que te cambie el día. Hoy búscate tu “coffeehouse” particular: un ratito con alguien que te haga pensar y reír, aunque sea en la cocina con la cafetera resoplando.