Se dice cuando algo está caro, pero con ese tonito de resignación, como para no largarte a putear. Es el clásico comentario al ver un precio que se fue al pasto: no es que sea imposible, pero te duele pagarlo. Muy de charla cotidiana, sobre todo hablando del súper, el alquiler o una salida.
"Che, fui a comprar birra y unas papas y me cobraron una fortuna. Está saladito todo, hasta el hielo te lo cobran como si fuera importado."