Escúchalo narrado
0:00 / 7:11Contado por un Magikito, con sus risitas y alguna travesura
Imagina que vienes a tomar algo y te doy una taza un poco torcida. La miras, la giras y preguntas si se cayó antes de entrar en el horno. Yo digo que tiene carácter. Tú dices que también lo tiene tu cuñado y nadie lo mete en la vitrina.
Nos reímos. La taza sigue sirviendo para beber. Y ahí empieza una conversación bastante más interesante que decidir si todas las cosas deben parecer recién salidas de una caja.
El wabi-sabi nos da pie a hablar de belleza, tiempo y objetos cotidianos. Conviene conocer un poco de dónde viene antes de plantarle la etiqueta a cualquier pared desconchada. Que una tubería pierda agua no la convierte en una fuente de sabiduría.
¿Qué significa wabi-sabi?
En la estética japonesa, wabi apunta a una belleza sobria y sabi, a la pátina y el envejecimiento. La enciclopedia de filosofía de Stanford desarrolla sus matices.
No es una traducción completa en dos líneas. Tampoco un reglamento que todos los japoneses sigan igual ni una ley que diga que lo roto siempre es más bonito. Aquí nos interesa abrir la mirada, no cambiar un examen de perfección por otro.
El Metropolitan Museum explica la relación con el té: maestros como Sen no Rikyū apreciaron recipientes rústicos e irregulares. Esa aparente sencillez podía convivir con mucho oficio.
Mirar una taza antes de ponerle una etiqueta
Vuelve a nuestra taza imaginaria. Puedes fijarte en cómo cambia el esmalte, en la curva del borde o en la huella de quien la hizo. A lo mejor te encanta. A lo mejor prefieres otra más lisa. No pasa absolutamente nada.
Una cosa es que te llame la atención una irregularidad y otra fingir que cualquier defecto mejora un objeto. Si la taza gotea sobre tus pantalones, el problema no es que te falte sensibilidad artística. El té debería quedarse dentro.
Esta distinción nos viene bien en casa: una marca de uso puede gustarte, mientras que una pieza suelta necesita atención. Se puede cuidar algo sin borrarle toda su historia.
La foto y todo lo que se queda fuera

En esta foto hay una figura de Magikito, unas gafas y una mesa con la veta bien visible. Podemos mirar las texturas sin organizar un campeonato de autenticidad. La escena está preparada, como en tantas fotos, y eso no le quita la gracia. Tampoco demuestra que quien hizo la foto tenga la vida resuelta. El duende, por su parte, parece más interesado en guardar sitio que en dar una charla sobre estética japonesa. Esa última parte nos la inventamos, que para eso tenemos imaginación.
Si preparar una foto te divierte, estupendo. Si llevas un buen rato moviendo una taza y ya te estás hartando, puedes dejarlo. No te rayes con sacar una imagen que certifique lo bien que vives. Una foto enseña un encuadre, no todos los días de una persona. Y el desayuno también se puede disfrutar antes de que se enfríe.
Kintsugi: la reparación se ve
El kintsugi tradicional repara cerámica con adhesivos basados en laca urushi y remata las uniones con oro en polvo. Japan House London explica el proceso.
La reparación puede formar parte del aspecto de la pieza. Eso no significa que en Japón nadie tire un cuenco ni que cualquier objeto roto suba de precio. Tampoco hace falta romper una taza para darle una historia. Ya tendrá bastante con sobrevivir al escurreplatos.
Como metáfora, a alguien le puede gustar la idea de seguir adelante sin fingir que no pasó nada. Pero cada cual decide qué cuenta y qué se guarda. No tienes que sacar una lección bonita de lo que te dolió ni contárselo a nadie.
La mesa de la abuela y la mesa de ayer
Quizá conservas una mesa porque te acuerdas de las meriendas que hubo alrededor. Puede tener una señal de un vaso y una esquina más gastada. Esa relación es tuya. No hace falta que una visita la entienda ni que un anticuario le ponga precio.
La mesa nueva también puede acabar siendo importante. Hoy estrenas el mueble y mañana alguien derrama chocolate durante una conversación que todavía recordarás dentro de veinte años. El cariño no exige certificado de antigüedad. Un objeto hecho en serie tampoco queda descalificado para acompañarte.
Los duendes tienen sus propias arrugas

Esta figura tiene las arrugas modeladas y el pelo blanco. Son rasgos de un personaje, no pruebas de su edad. En nuestra colección de duendes puedes fijarte en las expresiones, la ropa y los gestos. A este le inventaríamos una conversación larguísima sobre cuál es la mejor sombra del jardín. Llevaría media hora explicándolo y todavía no se habría sentado.
Las figuras artesanales de porcelana fría representan a los Magikitos. Pueden tener detalles distintos y estar hechas con cuidado a la vez. Un gorro ladeado puede ser una elección divertida. Una parte que se desprende es otra cuestión. Llamar «personalidad» a todo tampoco vale.
¿Wabi-sabi y minimalismo son lo mismo?
No. Quedarse con menos objetos, como planteamos en nuestro artículo sobre minimalismo, es una decisión distinta de apreciar sus texturas o sus marcas de uso. Pueden coincidir en una misma casa. No hay que enfrentar una habitación blanca e impecable con otra marrón y desordenada.
Empieza por algo que ya tengas
Elige un objeto cotidiano y míralo un rato. Fíjate en qué te gusta, para qué lo usas, qué quieres conservar y qué convendría arreglar. Puedes ordenar alrededor, limpiarlo o cambiarlo de sitio. Apreciarlo no te obliga a quedártelo para siempre.
Y si esta forma de mirar te dice algo, llévatela contigo. Si no, tampoco te vamos a quitar el carné de persona sensible. Nosotros volvemos a la taza. Tú sigues diciendo que se parece a tu cuñado. Al menos esta sabe guardar silencio.