Embriágate Bien
Una vez, el hijo llega borracho a la casa.
—¿Por qué llegaste borracho anoche?—Yo solo estaba obedeciendo.—¿Obedeciéndome? ¿Cómo así?—Si tú me dijiste: «Embriágate bien, idiota».
—Te dije: «¡Abrígate bien!», fue lo que te dije.