Este abuelito del bosque ama rebuscar ramitas torcidas y líquenes con textura de terciopelo mojado. Para él cada corteza guarda un recuerdo que merece otra vida.

Cuando la tarde se escapa enciende su lámpara sin pedir permiso a la oscuridad. Le gusta ver cómo las sombras se apartan con timidez y camina despacio, sin prisa por llegar a ninguna parte que no le apetezca.

  • Guarda ramitas que parecen varitas y líquenes que huelen a bosque dormido.
  • Habla con las nubes con voz de locutor nocturno.
  • Nunca usa despertador, se guía por los pájaros chismosos.

Su alegría viene sin avisar, como los gatos, y se queda contigo al caer la noche. Si lo ves pasear con su lámpara, síguelo, te enseñará que cada anochecer esconde un tesoro.

Un segundo: confírmanos que eres una persona