Almejas a la marinera

Receta

Hoy cocinamos en modo costa cantábrica imaginaria: una salsita de las que te deja el pan haciendo espeleología en el plato. Las almejas a la marinera son tradición pura, de bar de puerto y de “calla y moja”, pero traídas al bosque con mucha chispa.

Ingredientes:

  • 800 g de almejas (frescas, vivitas y con ganas de abrirse al mundo)
  • 2-3 dientes de ajo (para que la salsa tenga carácter, pero sin pegarte un bofetón)
  • 1 cebolla pequeña o 1/2 grande (la que veas con cara de “úsame ya”)
  • Un buen manojo de perejil (el verde que hace de ola)
  • 150 ml de vino blanco (uno que te beberías, no uno que sepa a castigo)
  • 1 cucharada colmada de harina (para ligar la salsita, sin convertirla en cemento)
  • Aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta
  • Opcional: una puntita de guindilla (si quieres una marea más revoltosa)

Preparación:

Primero, pon las almejas en agua con sal un ratito para que suelten arena. Esto es como pedirles que se sacudan las zapatillas antes de entrar en casa. Luego las enjuagas bien.

En una sartén grande, echa un buen filón de aceite y ponte a pochar la cebolla y el ajo muy bien picaditos, a fuego medio, hasta que estén blanditos y huelan a “aquí se cocina en serio”. Si metes guindilla, que sea ahora.

Echa la harina y remueve un minutillo para que se tueste un pelín. Añade el vino blanco y dale vueltas para que no haya grumos. Verás cómo se forma la salsita, brillante y con ganas de que te la zampes.

Mete las almejas, tapa y sube un pelín el fuego. En 2-4 minutos se abren. En cuanto estén abiertas, apaga o baja, que si te pasas se ponen chiclosas y luego se quejan en tu boca.

Remata con perejil a lo bestia, pimienta y prueba de sal. Y ahora viene el momento solemne: pan al ataque.

Consejo del bosque: si alguna almeja no se abre, no es tímida, es sospechosa. Esa no te la comas. Y si la salsa te queda tan buena que te dan ganas de aplaudir, aplaude, que aquí no juzgamos a los que disfrutan de la vida.

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