Anoche me desperté con la boca seca y el vaso de agua de la mesilla mirándome como un amigo que no quiere molestar. Me lo bebí de un trago y me quedé escuchando el silencio de las tres de la mañana, que no es silencio sino un zumbido como de nevera lejana. De pequeña me ponía piedras en los bolsillos por si el viento me llevaba, y aún guardo una en cada abrigo, por si acaso. Los lunes me ducho con el radiador encendido y el baño huele a invierno y a jabón de Marsella, una mezcla que me hace cantar canciones que no me sé. Si me ves en la frutería eligiendo la única pera torcida, no me interrumpas, que estoy buscando la que tenga más carácter.
David Sanchez
Un segundo: confírmanos que eres una persona