Escúchalo narrado
0:00 / 9:03Contado por un Magikito, con sus risitas y alguna travesura
Falta un calcetín, suena algo en el desván y el mando aparece debajo de un cojín que jurarías haber levantado. Culpar al Trasgu tiene una ventaja estupenda: te ahorras admitir que llevas diez minutos buscando fatal.
Vamos a entrar en la mitología asturiana con esa sonrisa, pero mirando bien a quién tenemos delante. Hay seres que ayudan, otros que meten miedo y algunos que cambian bastante de una versión a otra. Este vecindario da para mucho más que un montón de duendes con distinto gorro.
Para seguirles la pista contamos con Del folklore asturiano: mitos, supersticiones, costumbres, de Aurelio de Llano, publicado en 1922. Recoge relatos y lugares concretos. Lo leemos como una recopilación histórica, con sus interpretaciones de época, no como un censo de habitantes sobrenaturales.
El Trasgu se apunta a la mudanza
En las páginas dedicadas al Trasgu aparece una criatura pequeña, con blusa y gorro rojos, que entra por la noche y hace labores domésticas. También puede alborotar la casa. Vamos, que te recoge la cocina y luego te monta un jaleo que no hay quien duerma.
Una de las mejores jugadas del cuento llega cuando la familia decide mudarse para librarse de él. El Trasgu se presenta en la casa nueva con algún cacharro que se habían dejado. Se viene contigo, el tío. Tú organizando carros y muebles y él encantado con la mejora de vivienda.
Los trucos para echarlo son tareas imposibles. Llano cuenta que los granos de linaza que intenta recoger se le caen por un agujero en la palma de la mano izquierda. También le encargan traer agua en un cesto. Aquí no falla por falta de equilibrio: el recipiente pierde agua y la mano pierde semillas.
En esas versiones se marcha avergonzado al no lograrlo. Cada relato tiene su remate. Si quieres conocer otros compañeros de travesuras, en las historias de duendes domésticos europeos hay unos cuantos, con sus propias manías.
Las xanas tienen más que un peine bonito
Llano sitúa a las xanas en fuentes y cuevas. En sus relatos aparecen cabellos largos, tesoros, labores de hilado y objetos de oro. Pero tienen voz y carácter, que eso es bastante más interesante que dejarlas toda la tarde posando junto al agua.
En una historia de Cardo, en Gozón, una mujer ve un rosario asomando por una fuente y quiere llevárselo a su hija. Sale una xana y le pregunta cómo va a rezar si le quita el rosario. La mujer lo deja y se marcha avergonzada. Menudo corte. Habías ido a descansar del camino y acabas recibiendo una lección sobre coger cosas ajenas.
En otro relato, una costurera echa un cable a una xana durante un parto y recibe unas tijeras de oro como recompensa. Ahí hay gratitud, ayuda y un regalo elegido según el oficio de quien lo recibe. Unas tijeras así no se dejan tiradas en cualquier cajón.
El Nuberu también sabe devolver un favor
El Nuberu dirige tormentas en estos cuentos. Eso ya impone bastante. Imagina tener una discusión con alguien que, al irse dando un portazo, puede llevarse el buen tiempo.
En el relato de Juan Cabrito, recogido por Llano, el Nuberu se queda en tierra porque se le escapan las nubes. Pide alojamiento. Un labrador rico lo rechaza y otro humilde lo recibe. Después llegan las consecuencias: las tierras del primero sufren su cólera y las del segundo reciben cuidados.
Más adelante, aquel labrador acaba en Egipto y vuelve a encontrarse con él. El Nuberu le facilita el regreso a casa a lomos de un macho cabrío que viaja por el aire. Aquel favor no se le había olvidado. Desde luego, la recogida en el aeropuerto iba a ser difícil de explicar.
El Cuélebre y la factura del pan
El Cuélebre aparece como una serpiente alada que guarda tesoros y personajes encantados. Llano recoge historias vinculadas a cuevas y a otros lugares asturianos. Para imaginártelo, piensa en el tipo de guardián al que no le dices «ahora vuelvo» mientras intentas pasarle por detrás.
En Brañaseca, en Cudillero, el relato cuenta que los vecinos le daban borona y pan de centeno para que no se comiera el ganado. Un acuerdo complicado: tú haces pan y él se compromete a no merendarse tus vacas. Al final lo engañan con una piedra candente y muere. Los cuentos de monstruos también tienen desenlaces duros.
Con semejante comensal a las afueras del pueblo, hasta pedir una barra de pan podía sonar a un asunto de seguridad vecinal.
La Güestia te cambia el paso
La Güestia, también escrita Guestia, nos lleva a las procesiones de ánimas y a los caminos nocturnos. En los relatos de Llano hay personas que pueden verla y otras que no. Ese detalle hace mucho: tú vas hablando tan tranquilo y tu acompañante se aparta de algo que para ti no está.
En una historia de Santo Adriano de Riosa, un hombre le ofrece el hombro a su criado para que apoye la barbilla. Al hacerlo, el criado ve pasar la procesión. Qué manera de quitarte las ganas de decir «bah, serán imaginaciones tuyas».
El libro también recoge el círculo trazado en el suelo como refugio frente a la comitiva. Es un recurso dentro de esas creencias. No convierte todas las leyendas de procesiones espectrales europeas en una sola historia con el mismo reglamento.
Busgosu y Sumiciu: hasta los cuentos tienen discusión
Con estos dos merece la pena detenerse. Llano menciona al Busgosu con cuernos y piernas de cabra, pero cuestiona que tuviera la tradición oral asturiana que otros escritores le atribuían. Su libro sostiene que no encontró esos relatos entre las personas a las que preguntó. Esa es su valoración, situada en 1922.
Sobre el Sumiciu recoge una expresión usada cuando desaparece algo que acababas de ver. Para él, era una forma de hablar, no un personaje con toda una historia detrás. Tiene más que ver con «pero si lo había dejado aquí» que con un guía del bosque que te hace perderte aposta.
Hoy ambos aparecen en las tallas del Camín Encantáu, en el valle de Ardisana, Llanes. Las historias también circulan por libros, esculturas y nuevas versiones.
A mí esa discusión me gusta. Te permite preguntar quién contó qué, dónde se recogió y cómo lo han vuelto a contar después. Ahí hay tema para charlar un buen rato.
El sitio de los Magikitos en todo esto
Los Magikitos tienen su propia ficción: nacen cuando alguien caga en el bosque con alegría. Las figuras de porcelana fría los representan. Nos gusta compartir estantería imaginaria con estas historias asturianas, pero cada personaje conserva su nombre y su cuento.
Después de conocerlos, el ruido del desván te puede recordar al Trasgu y una nube negra al Nuberu. Puedes disfrutar de esa compañía imaginaria sin dejar de arreglar la tabla suelta ni de recoger la ropa cuando va a llover. El folclore pone conversación. La colada te sigue tocando a ti.
¿Todas las versiones describen igual a estas criaturas?
No. Los rasgos y los episodios cambian según el lugar, la persona que cuenta la historia y la recopilación. Por eso aquí señalamos qué relatos estamos siguiendo.
¿Los Magikitos son otro nombre del Trasgu?
No. El Trasgu pertenece a las tradiciones asturianas y los Magikitos son personajes de nuestra propia ficción. Pueden compartir el gusto por las travesuras sin ser el mismo personaje.