Se dice cuando hace un frío que pela, de ese que te deja tieso y te corta la cara nada más salir a la calle. Vamos, que no es fresquito, es biruji del bueno. Suele usarse para quejarse del tiempo y justificar refugiarse en un bar, ponerse capas o buscar una estufa. Y un vino ayuda, claro.
"Eh, chaval, entra rápido al bar, que fuera está a la biruji y se me están quedando los dedos como croquetas congeladas."