Se dice cuando alguien empeora un problema que ya venía picante, metiendo más presión, más comentarios o más drama. Vamos, que en vez de calmarla, la prende más. Vale para discusiones, chismes o cualquier quilombo que estaba por explotar. Y sí, suele venir con ese tono de: hermano, ¿no sabés frenar?
Se usa cuando alguien mete más cizaña en un problema en vez de ayudar a calmarlo. Es como ver que todo está ardiendo y aun así seguir soplando para que prenda más. Aplica para el que chismea, el que provoca o el que suelta comentarios venenosos cuando todo el mundo ya está medio emberracado.