Se dice cuando una llamada se escucha fatal, con cortes, eco o ruido, como si estuvieras hablando con el clásico invento de dos latas y un hilo. Sirve para quejarse de la señal o de un audio malísimo, y queda perfecto para bardear a la compañía sin nombrarla. Muy de charla cotidiana.
"Dale, reiniciá el celu o salí al patio, porque se corta todo y te escucho como por un teléfono de lata, no entiendo ni la mitad."