Se dice cuando te agarra un antojo de golpe, de esos que no se negocian. Puede ser por comida, por salir, por comprar algo o por hacer una locura chiquita. Es como un capricho repentino mezclado con corazonada, y te deja con la idea clavada en la cabeza hasta que lo cumplís.
"Che, me agarró un ramito de pastelitos de la abuela, ¿pintó ir a la feria ya antes de que cierre y nos quedemos con las ganas?"