Me he aficionado a oler los libros antes de abrirlos, sobre todo los de tapa blanda que huelen a panadería cerrada y a lápiz de otra generación. De pequeña guardaba las mondas de manzana en fila india sobre el radiador y las veía encogerse como si tuvieran sueño. Ahora sigo haciendo pequeñas cosas inútiles con una seriedad que no me pide explicaciones, como golpear dos veces la taza antes del primer sorbo o dejarle siempre la esquina doblada a la revista del salón. Me sé de memoria el ruido de la persiana del vecino y distingo si la sube con enfado o con pereza. Si te sobra un gajo de sol, te enseño a calentar los pies sin calcetines.
Los chistes que ha contado
Sus setines
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