Se dice cuando alguien anda de mal humor, con cara larga o haciendo pucheros, como si trajera el hocico fruncido todo el día. Es esa vibra de estar resentido, enojado o sentido por cualquier cosa, a veces sin decirlo directo. Muy útil para describir al que se amarga solo y contagia el ambiente.
"Dejá de andar con los morros, hombre. Solo porque se acabaron las baleadas ya tenés cara de funeral y ni saludás."