Se dice cuando alguien provoca un lío enorme y la cosa se pone caliente, como si todo fuera a explotar. Es armar el desorden, el escándalo o el caos en un momento, ya sea por una discusión, un chisme o una mala decisión. Vamos, que donde aparece, la calma se va de vacaciones.
"El man soltó el chisme en plena tienda y se prendieron todos a discutir, ahí mismo se armó el polvorín y hasta el tendero pidió calma."