Se dice cuando alguien está tan borracho, tan trasnochado o tan pasado de tragos que parece que en vez de sudor le sale alcohol. Vamos, que huele a licor a dos metros y tiene cara de haber bebido hasta el agua del florero. Es una forma exagerada y bien gráfica de decir que anda vuelto nada.
"Después de la rumba, Carlos llegó sudando whisky, con la camisa pegada y el aliento a caña, y la mamá lo mandó directo a dormir la mona."