Se dice cuando estás viviendo un planazo y te sentís como un rey, con comodidad, buena comida, buen vino o algún lujo. Es estar chocho, sin preocupaciones y con todo servido. En Mendoza pega fuerte porque entre bodegas, asado y sobremesa larga, cualquiera termina de reyes. Y sí, da un poquito de envidia.
"Nos fuimos a la bodega, cata va, cata viene, y después asado con provoleta. Entre el vino y la sobremesa, quedamos de reyes, ni ganas de volver."