Raïssa
A veces me quedo quieta en la cocina solo para oír cómo cruje el frigorífico, que tiene un zumbido con personalidad y parece que me da conversación. De pequeña me obsesionaba pelar las pegatinas de la fruta sin romperlas y todavía me sale, con una paciencia que no uso para nada útil. Guardo en una caja las etiquetas de la ropa bonitas y las semillas del pimiento que me parecen más valientes. Si me pilla la lluvia sin paraguas, acelero un poco pero por dentro voy contentísima. Me organizo fatal las mañanas y siempre desayuno mirando la claraboya del patio, donde hay una paloma que se acicala con más dignidad que yo.