Se usa cuando alguien se avienta una historia exageradísima, medio imposible o directamente inventada, pero la cuenta con tanta seguridad que casi dan ganas de creerle. No va tanto por mentir con mala leche, sino por adornar la realidad hasta dejarla crujiente y bien sabrosa. Es el arte de chamuyar con cara seria para sacar unas risas o agrandarse tantito.
"El Nacho cayó diciendo que un productor de cine lo frenó en la calle y todos nos miramos, porque clarito estaba echando un churro."
Se dice cuando algo ocurre muy rápido, casi al instante, sin dar tiempo ni a reaccionar. Vale para arreglos, decisiones, viajes o cualquier cosa que se resuelve volando. Tiene un sabor muy castizo y un puntito exagerado que le da vidilla a la frase, porque no habla solo de rapidez, habla de rapidez con chispazo.
"Llamó al fontanero, vino en un santiamén, arregló la fuga y mi madre se quedó mirándolo como si fuera un superhéroe con alicates."
Se suelta cuando alguien cumple algo que había dicho que haría, sobre todo si había una pequeña espera de por medio. Sirve para recordarle al otro, con buen rollo o con cierta solemnidad casera, que la palabra dada pesa. Tiene ese puntito clásico de frase que deja claro que aquí no se promete por decorar.
"Te dijimos que íbamos a traerte los apuntes y mira, lo prometido es deuda, aquí estamos con café, boli y el resumen medio mascao."
Se dice cuando, después de hacer números, lo que ganas y lo que gastas se queda prácticamente empatado, así que el esfuerzo apenas deja beneficio. Va mucho con ventas, apaños y cuentas domésticas que parecían buena idea hasta que sacas la calculadora. Expresión castiza, seca y muy honesta, de las que pinchan el optimismo con elegancia.
"Vendió la moto pensando que iba a sacarse un buen pico, pero entre taller, papeles y seguro atrasado fue lo comido por lo servido."
Se dice de alguien que no se lo pensó ni medio segundo y tiró pa delante con decisión, descaro sano o ganas de resolver. Tiene ese sabor castizo de quien ve la ocasión, se remanga y actúa sin hacerse el importante. Vamos, cero titubeo y mucha marcha en cuanto se presenta la oportunidad.
"Vieron que faltaban manos pa montar la verbena y Marta, ni corto ni perezoso, agarró la escalera, colgó las luces y arregló el lío."
Se dice cuando pillas bien lo que alguien quería decir, una indirecta, un truco o el sentido de algo con solo escucharlo una vez. Tiene ese puntito de oreja espabilada y cabeza rápida, porque no hace falta que te lo repitan veinte veces. Si te quedas con la copla, ya has cazado el hilo del asunto.
"Le soltamos a Marta que el regalo sorpresa no cabía en el coche y, sin darle más pistas, se quedó con la copla al momento."
Se suelta cuando algo te da tanta pereza, miedo, rechazo o cero ganas que no lo harías bajo ningún concepto, ni con billetes bailándote delante. Tiene mucha fuerza porque exagera a propósito para dejar clarísimo el límite. Sirve para planes chungos, favores imposibles o locuras que te proponen con demasiada alegría.
"Bañarnos en enero en ese río helado, ni aunque me paguen, tronca, bastante tengo con sobrevivir al airecito asesino de la orilla."
Se dice cuando algo te viene perfecto, encaja de maravilla o parece hecho a tu medida. Vale para trabajos, planes, ropa, consejos o personas que caen justo donde tenían que caer. La imagen es buenísima, porque un anillo que entra fino en el dedo no pelea ni baila, simplemente pertenece ahí.
"Ese curro de media jornada te viene como anillo al dedo, tía, que estudias por la tarde y así no vas de culo toda la semana."
Se dice de alguien que es torpe, flojo o bastante negado para hacer algo, sobre todo cuando encima le pone poca chispa y menos ganas. Tiene ese sabor de regañina con guasa que no siempre busca insultar fuerte, más bien señalar que una persona es un desastre funcional y va dejando tareas cojas por donde pasa.
"Le pedimos que montara la mesa del salón y, entre tornillos perdidos y media hora mirando instrucciones, quedó claro que es un manta."