Mérida es montaña andina, teleférico y un frío que te abraza. Los merideños son gente noble y orgullosa de sus páramos, con un acento cantadito y unas truchas de río que saben a gloria.
Andar ta'puyado
En Mérida se dice de alguien que anda sin ganas, flojo, medio apagado, como con el cuerpo pesado y cero ánimo para moverse. Puede ser por sueño, resaca, gripe o pura ladilla. Es ese estado en el que te hablan y tú solo existes, pero no funcionas. Y sí, suena a excusa perfecta para no hacer nada.
Chambear duro
En Mérida se dice cuando alguien está trabajando a lo bestia, metiéndole horas y esfuerzo como si no hubiera mañana. Es el típico “me estoy dejando la piel” porque la cosa está ruda o porque hay que sacar el trabajo sí o sí. Suena muy de calle y va perfecto para hablar de alguien bien fajado.
Échale la capucha
Se dice cuando toca cubrir o proteger algo para que no se dañe, sobre todo si viene lluvia, polvo o cualquier desastre de esos que te agarran desprevenido. Es como decir ponle una tapita, cúbrelo, resguárdalo ya. Muy de calle y bien práctico, de esas frases que te salvan el celular y la paciencia.
Echar pata e' perro
En Mérida se dice cuando te vas a patear calle o monte sin apuro, a lo aventurero, como perro suelto dando vueltas. Puede ser una caminata larga, un plan de recorrer sitios, o salir a rumbear y terminar lejos de casa. Es de esas frases que suenan a libertad y a cansancio rico.
¡Vamo' en corto!
Se dice para apurar a la gente y moverse ya, sin perder tiempo, normalmente cuando hay que llegar rápido a algún sitio. Es como soltar un "vamos de una" o "rápido pues" pero con sabor merideño. Sirve para meter presión con buen humor cuando el plan se puede dañar por la tardanza.