Estar en brazos de Morfeo
Se dice cuando alguien está dormidísimo, en plan que no hay quien lo despierte ni con un tambor. Morfeo es el dios griego de los sueños, así que la frase suena fina, pero se usa con guasa para decir que te has quedado frito del todo. Ideal después de una paliza o una noche larga.
Zafado
En Sevilla, decir que alguien es zafado suele ser que va suelto, desinhibido y con poca vergüenza, para bien o para mal. Es el típico que se viene arriba, suelta la gracia sin filtro y se mete en todos los fregados. No es tanto que tenga trucos, es más actitud y descaro. Y a veces, tela.
Carlota
En Sevilla, decir que alguien es una carlota es llamarlo despistado de campeonato, de los que van en su mundo y se les olvida hasta lo básico. Se usa en plan cachondeo, no como insulto serio. Vamos, la típica persona que sale a por pan y vuelve con una planta y cero pan. Tiene su arte.
Toditico
Diminutivo andaluz de todo que significa absolutamente todo, sin dejarse nada. En Sevilla se suelta mucho para rematar una lista o exagerar con gracia: me lo comí toditico, lo vi toditico, me enteré de toditico. Suena cercano y muy de barrio, y encima queda mono aunque estés rajando a gusto.
Chupar
En Sevilla, chupar no va solo de beber. También se usa para decir que algo te absorbe tiempo, dinero o energía sin que te des cuenta. Entras a echar un ratito y, cuando miras el reloj, ya es de madrugada y la cartera está temblando. Tiene su puntito de verdad y de guasa.
Ser más listo que el perro de la farola
Se dice de alguien que es listísimo, con mucha picardía y calle, de los que siempre encuentran la vuelta para salirse con la suya. No va de ser simpático ni de “brillar en la sombra”, va de tener más viveza que nadie y pillar a los demás en fuera de juego. Vamos, un espabilado de manual.
Consejo vendo y pa' mí no tengo
Dicho para señalar, con guasa, a quien reparte consejos como si fuera coach, pero luego no se aplica ni uno. Vamos, el típico que te suelta la charla de vida sana, ahorro y disciplina, y después va haciendo justo lo contrario. Se usa mucho para pinchar a alguien sin ponerse demasiado serio, y queda finísimo en una pullita.
Que te vaya bonito
Frase de despedida para desearle a alguien que le vaya bien, con un puntito irónico o cariñoso según el tono. En Sevilla te puede salir en la Feria, en el bar o al cerrar una conversación cuando ya no hay más que rascar. Suena a “cuídate” pero con arte, y a veces también a “hasta luego, campeón”.
Pechá
En Sevilla, una pechá es una hartá, una cantidad bestia de algo. Lo típico es pechá de reír, pechá de currar o pechá de andar, como cuando te pasas tres pueblos y acabas reventado. No va de monopolizar una charla, va de que te has metido una buena paliza o un atracón de lo que sea. Y suena a gloria.
Tener treinta tacos
Se dice cuando ya tienes 30 años y te empieza a salir el modo adulto sin pedir permiso. De repente valoras más unas zapatillas cómodas que ir hecho un pincel, te quejas del ruido, y sueltas un en mis tiempos con toda la cara. No es drama, es la edad pegando el toquecito. Y sí, tiene su puntito.
Estar hecho un níspero
Se dice cuando alguien está llenísimo de comer, empachado perdido, o cuando está gordito y redondito, como un níspero bien maduro a punto de caerse del árbol. Es muy de abuela sevillana después de un buen atracón familiar, y hay que admitir que la imagen es tan gráfica que da hasta hambre.
pirix
Se le dice a alguien que se monta unas películas tremendas y convierte cualquier tontería en un drama de telenovela. Donde tú ves un detalle sin importancia, esa persona ve señales, conspiraciones y un culebrón con tres temporadas. Es como ser guionista del drama vital, pero sin cobrar. En Sevilla se suelta con guasa y un poco de cachondeo.
Andar bien aguado
En Sevilla se dice de alguien que va hecho un cuadro, empapado o pringado, normalmente por culpa de una copa derramada, un jerezazo traicionero o el típico empujón en la Feria. También vale para quien va medio perjudicado y descompuesto, como si le hubieran pasado por encima. Vamos, que no va fino precisamente.
Partirse el culo
Se dice cuando te ríes muchísimo, a carcajadas, hasta que te duele la barriga y no puedes ni hablar. Es bastante vulgar, sí, pero en la calle se usa un montón para exagerar lo gracioso que ha sido algo. Vamos, que te ha hecho una gracia tremenda y te has quedado doblado de la risa.
Estar codo
En Sevilla se dice de alguien que está súper seco y parco, que contesta con lo mínimo y parece que hablar le cuesta dinero. No es que sea tímido, es que va en modo ahorro total: monosílabos, gruñidos y un par de gestos, y apáñate. Ideal para describir al colega que hoy no está pa’ conversaciones.
El quinto pino
Se usa para decir que algo está lejísimos, en la otra punta, donde ya ni llega el bus. Vamos, que te mandan al quinto pino y te toca hacer excursión. También vale para quedar en un sitio perdidísimo o para exagerar distancia con gracia. Muy de soltarlo cuando te da pereza moverte, la verdad.
Sembrar un chisme
Se dice cuando sueltas un rumor pequeñito, medio en broma o medio con mala leche, y lo dejas ahí para que la gente lo riegue y crezca solo. Empiezas con un detallito sin importancia y, entre cafelitos y corrillos, acaba siendo un novelón. Vamos, plantar la semilla del cotilleo y mirar cómo prende.
Andar picando piedra
Se dice cuando alguien está currando duro y a pico y pala, haciendo un esfuerzo constante y pesado, normalmente en un curro o una tarea que se hace eterna. También vale para estudiar o entrenar a base de constancia, sin glamour, pero sin rendirse. No es tanto que no valga, es que toca sudarla. Y eso tiene su mérito.
Ir al grano
Significa ir directo a lo importante, sin rodeos ni historias. Se usa cuando alguien se enrolla demasiado y tú quieres la versión corta, la decisión o el dato clave. Puede sonar un pelín brusco, pero es súper común en el día a día. Vamos, que dejes el calentamiento y sueltes ya lo que vienes a decir.
Estar pipón
Se dice cuando te has metido una comilona o unas copas y te quedas medio KO, con la barriga a reventar y cero ganas de moverte. No es estar malo, es estar lleno y aplatanado, como si te hubieran bajado la persiana. Muy de sobremesa sevillana, y sí, da gustito reconocerlo.
Andar brilloso
Se dice de alguien que va llamando la atención por ir demasiado brillante o chillón, normalmente por ropa fosforita, lentejuelas o colores que te dejan ciego. No es que esté feliz ni que le vaya todo de lujo, es que parece un rotulador fluorescente con patas. En Sevilla pega mucho en feria o de fiesta.
Empanao
En Sevilla, decir que alguien está empanao es llamarlo despistado, lento de reflejos o como si fuera en piloto automático. Puede ser por sueño, por estar en su mundo o por ir un poco pasado, pero no hace falta. Es el colega que no se entera de nada y encima te mira con cara de pan. Tiene su arte.
Ir como pollo sin cabeza
Se dice cuando alguien va a lo loco, sin rumbo y con prisas, saltando de una cosa a otra sin enterarse de nada. Como si estuviera haciendo mil recados a la vez y todo le saliera regular. Vale para la feria, el curro o la vida en general. Y sí, desde fuera da hasta ternura.
Jartarse
En Sevilla, jartarse es hartarse dicho a lo andaluz. Puede ser ponerse fino comiendo, pero también vale para decir que te has pasado el día a tope con algo: jartarse de reír, de currar, de fiesta o de lo que sea. Es como ir sin freno, hasta que el cuerpo diga basta. Y sí, suena mejor con acento.
¡Qué máquina!
Se suelta para decir que alguien es un crack, que se lo curra y le sale todo redondo. Vale para el que rinde a tope, el que tiene arte para resolver marrones o el que se marca una jugada maestra y se queda tan pancho. Es un piropo con admiración y un puntito de cachondeo.
Dar la lata
Se dice cuando alguien está dando la tabarra, molestando o insistiendo pesado con un tema, una petición o una historia que ya cansa. No tiene por qué ser entre colegas ni con teorías locas, vale para cualquier situación. En Sevilla te lo sueltan con arte cuando ya estás saturado y quieres paz.
Achilipú
Interjección muy de juerga flamenca para subir el ánimo cuando la cosa ya está calentita. Se suelta en medio de palmas, cante y cachondeo, como diciendo: venga, más arte, más compás y que reviente la fiesta. No significa nada literal, pero se entiende perfecto. Si lo gritas bien, te crees Camarón un segundo.
Estar crudo
En Sevilla, estar crudo suele ser estar fatal por la resaca o por no haber dormido nada, como si el cuerpo siguiera sin cocinar. También se usa para decir que algo está verde, sin hacer o que a alguien le falta rodaje. Vamos, que no estás para muchas fiestas, y menos para marcarte unas sevillanas con arte.
¡Vamos arriba!
Grito de ánimo muy de colegueo para subir el ritmo y lanzarse a lo que venga, aunque sea una idea improvisada y medio peligrosa. Sirve para decir: tira, que esto sale, y si no sale, por lo menos nos echamos unas risas. En Sevilla suena a plan rápido, calle y cachondeo del bueno.
¡La madre que parió a Panete!
Exclamación muy sevillana para soltar cuando algo te supera, te deja loco o te sale el cabreo de golpe. Es como decir: pero qué barbaridad, qué mala pata o qué disparate es este. No va tanto de elegir entre opciones, sino de reaccionar a una situación absurda o desesperante. Tiene su arte, la verdad.
Chispero
En Sevilla, un chispero es ese nota que convierte cualquier tontería en una historia épica, exagerando a gusto y soltando ocurrencias sin parar. Va encendiendo la charla con gracia y mucho cuento, aunque solo haya ido a por pan. Si lo dejas, te monta una película en la barra y tú tan feliz, la verdad.
Andar joya
Se dice cuando alguien va por la vida tranquilísimo, con buen rollo y sin comerse la cabeza, como si todo le resbalara. Es ese colega que, aunque se le líe una, sigue sonriendo y tirando pa'lante. También vale para decir que uno está bien, en plan todo correcto. Da un poquito de envidia, la verdad.
Ir hecho la pierna
En Sevilla se dice de alguien que va acelerado, nervioso o pasado de revoluciones, como si llevara un motor en el pecho. Puede ser por café, por estrés o por venir con un notición y no caber en sí. No siempre es alegría, a veces es puro descontrol. Vamos, que va hecho un lío y no para quieto.
mandilón
Se le dice al tío que está totalmente dominado por su pareja y hace lo que ella manda, como si llevara el mandil puesto en casa. Suele soltarse en plan vacile entre colegas cuando_togglean que no decide ni el plan del finde. Puede sonar un pelín machista, así que úsalo con cabeza, pero en Sevilla se oye bastante.
Madrugonazo
Se dice cuando te pegas un madrugón de los gordos, de esos que te levantas antes que el sol y vas medio zombi por la casa. Es el típico despertar por curro, viaje o porque te dio la vena, y luego te pasas la mañana con cara de no haber firmado esto. Duele, pero a veces toca.
Tener cosas de bombero retirado
Se dice de alguien que siempre encuentra la excusa perfecta para escaquearse y no dar un palo al agua. Justo cuando toca arrimar el hombro, desaparece como por arte de magia y luego vuelve tan pancho. No es un insulto gordo, más bien una pullita con guasa sevillana.
Montar un pollo
Se dice cuando alguien arma un follón o un numerito, normalmente con bronca, gritos y drama del bueno, por una tontería o porque se le cruza el cable. Vamos, que monta un escándalo y pone a todo el mundo mirando. Muy de bar, de cola del súper y de cuñado indignado. Y sí, da vergüencita ajena.
Chamullo
En Sevilla, un chamullo es un cuento adornado, una milonga bien echada para convencer, ligar o quedar como un artista. No tiene por qué ser mentira total, pero sí va cargadito de exageración y labia. Vamos, que te lo venden con tanto arte que hasta tú te lo crees. Y eso también tiene su gracia.
Prometer hasta meter
Dicho bastante bruto y con retranca que viene a decir que alguien promete el oro y el moro para conseguir lo que quiere, y cuando ya lo ha logrado, se le olvida todo lo prometido. Se usa mucho para señalar a un vendehumos, sobre todo en temas de ligoteo o favores. Y sí, tiene su mala leche.
Aguanta vara
Se dice para animar a alguien a que aguante el tirón y no se raje, aunque esté cansado o la cosa se ponga cuesta arriba. Es como un venga, sigue, que tú puedes, con puntito de orgullo y de pique sano. En Sevilla te lo sueltan en el curro, en la calle o de juerga, y te espabila.
Golica
Palabra muy de Sevilla para ese gustito tonto y calentito que te entra cuando pruebas algo que te lleva directo a la infancia. No es solo que esté rico, es el recuerdo pegado al sabor: la cocina de la abuela, el patio, la merienda y tú con la cara llena. Te da alegría y un pelín de nostalgia, vaya.
Quedar pato
Se dice cuando haces el ridículo o te quedas cortado después de una cagada y el ambiente se pone raro. Te quedas ahí, con cara de no saber dónde meterte, mientras la peña te mira en silencio. En Sevilla se suelta mucho para esos momentos de tierra trágame. Y sí, suena tonto, pero clava la escena.
Estar en todas
Se dice cuando alguien está metido en todo, se entera de todo y aparece en cada plan, conversación o salseo aunque nadie lo haya llamado. Puede ser medio piropo si es por apañao y espabilao, o medio pullita si es por cotilla profesional. Vamos, que no se le escapa una y eso a veces da hasta miedo.
Companaje
En Sevilla se dice mucho para hablar del apaño de comida que sale de la nada cuando cae gente por sorpresa. Es ese combo de despensa y congelador que te salva la vida: latas, embutido, empanadillas, picos, lo que haya. No es alta cocina, pero te monta una merienda cena en dos minutos. Bendito companaje.
Jechura
Se dice cuando alguien se pone a hablar sin freno, a toda pastilla y con tanta labia que te deja la cabeza como un bombo. Entre el ritmo, las vueltas y el chorreo de palabras, acabas perdido y sin enterarte de la mitad. Vamos, que te meten una jechura y tú solo asientes por supervivencia.
Echarle fuego
Se dice cuando alguien se pasa tres pueblos con el picante o con el aliño, como si quisiera demostrar algo, y al final la comida pica más que sabe. También vale para cualquier cosa que alguien “carga” demasiado y la lía. En Sevilla suena a exageración con arte, y suele venir con lagrimones y abanico.
Tener el azúcar bajo
Se dice cuando te levantas sin energía, medio mareado o con la cabeza en modo avión, como si te faltara gasolina. Puede ser por no haber desayunado, por resaca o por dormir fatal. No siempre es literal de glucosa, pero suena a excusa perfecta para pedir un café con tostada y, si cae, unos churros.
Estar loco de bola
En Sevilla se dice cuando alguien está loquísimo, fuera de sí o con una obsesión que ya roza lo absurdo. Vale tanto para el que va acelerado y no piensa como para el que se emperra con una tontería y no suelta el tema. Es muy de cachondeo, pero también puede llevar un puntito de regañina.
En bola
En Sevilla, estar o ir en bola es ir desnudo, en pelotas, sin ropa ninguna. Se suelta en plan de broma o para exagerar, como cuando alguien sale corriendo de la ducha o se queda sin toalla. No tiene nada que ver con chats ni con hacerse el enterado, eso es otra película.
Mandarse una cagada
Se dice cuando la lías pero bien, normalmente por torpe, por prisas o por fliparte y pensar que lo tenías controlado. Es meter la pata a lo grande, de esas que luego te acuerdas en la ducha. En Sevilla se suelta mucho con resignación y cachondeo, porque ya qué vas a hacer.